Durante un periodo de dos meses, tuve la oportunidad de desempeñarme como docente suplente y apoyo pedagógico en una escuela secundaria, cubriendo a profesores ausentes y colaborando activamente en el desarrollo de actividades académicas y formativas.
Asumí la responsabilidad de mantener la continuidad del proceso educativo en diferentes grupos, lo cual representó un reto importante debido a la diversidad de personalidades, intereses y niveles de los adolescentes. Cada clase requería estrategias distintas, así como empatía, firmeza y creatividad para captar su atención y fomentar la participación.
Además de cubrir asignaturas, también colaboré en la planeación y organización de actividades pedagógicas, apoyando a estudiantes que presentaban dificultades académicas o conductuales. Trabajé de cerca con el personal docente y directivo para atender las necesidades específicas de cada grupo y crear un ambiente de respeto y aprendizaje.
Durante esta experiencia, aprendí a gestionar grupos más grandes, a adaptar mis métodos de enseñanza a la realidad del nivel secundario y a establecer una comunicación efectiva con los adolescentes. Fue un periodo intenso, pero profundamente enriquecedor, que reforzó mi vocación y compromiso con una educación inclusiva, empática y transformadora.

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